El budismo centra la impermanencia como la realidad que define, enseñando que la verdadera felicidad y libertad surgen no de aferrarse a un alma eterna, sino de abrazar el hermoso y cambiante flujo de la existencia.
La impermanencia se convierte en el camino, disolviendo barreras y remodelando la vida con cada respiración, ofreciendo consuelo y sabiduría a todos los que miran profundamente.